Una mujer increíble
Existen muchas fechas en las cuales prestamos especial atención cuando queremos
agasajar a una mujer. El 14 de febrero, día de San Valentín; el 18 de febrero,
día de la mujer de las Américas; el 8 de marzo, día internacional de la
mujer; el 4 de abril, día de la novia; el 21 de septiembre, día de los
enamorados y de la primavera; y ni hablar del día de su cumpleaños. Todas y
algunas otras son tenidas en cuenta y no se escatima nada para ver alegría
-aunque sea un segundo-, en el rostro de la persona de interés. Obviamente, no
soy la excepción, pero para mi existe una fecha, un día, una hora, un momento
que es por demás especial y no me permitiría pasarla por alto. Sábado 19 de
abril de 2003, a las 10:55 horas. Ese fue el momento exacto en que la encontré
a ELLA. La mujer más bella que conocí en toda mi vida; y cuando digo bella no
me refiero a lo físico -aunque le cabrían muy bien los calificativos de
preciosa y hermosa-. Con bella quiero decir una mujer admirable, profunda, de
nobleza sin igual, de una mirada clara y un corazón enorme y generoso. Con
Ella, a quien voy a llamar Paloma (puesto que este es el nombre que le hubiese
gustado tener), viví los siete (7) meses más felices de mi vida. Me sentí
grande, me sentí pequeño; poderoso y a la vez vulnerable.
¡Cuánto tiempo ha pasado desde entonces! ¡Cuántos recuerdos! Cualquier tema
que habláramos, por trivial que fuera, tomaba especial importancia y nos servía
de excusa para quedarnos por horas conversando. Ocurrente como pocas, aunque decía
que no tenía sentido del humor. Ojitos vivaces (color avellana), tenían una
muy particular manera de mirarme. Había visto muchas fotos de Ella, pero en
ninguna pude ver una mirada como la que encontraban mis ojos cada vez que la veía
. De manos chiquitas; piel blanca y suave; cabellos rubios; cejas despobladas en
sus 2/3 externos; rostro muy expresivo; hermosa sonrisa; labio superior fino y
el inferior no tanto; lengua “geográfica”; y su nariz … algo
indescriptible, pero me voy a limitar a decir que me hubiese encantado ver en
mis hijos esa nariz. Usaba musculosas (la mayor parte del tiempo) y zapatos,
reservando las zapatillas solamente para el gimnasio. Otra cosa que la hacía única
era su saludito: “Hola”; sonaba tan lindo, tan cálido, tan dulce que es
hasta el día de hoy un recuerdo que atesoro muchísimo. Muchas veces le comenté
que debía grabar un CD con su saludito y regalármelo; Ella comos siempre, decía
que era un exagerado. Se jactaba de ser muy buena cocinera (cocinaba como los
dioses), aunque me quedé sin probar su “famosa” pastafrola, que era su
especialidad -según decía-. Aunque diferíamos en cuanto a preferencias y
gustos, coincidíamos en lo más importante (además, si el otro es igual a uno,
no se tienen muchas oportunidades de aprender y descubrir cosas nuevas). La vencía
fácilmente el sueño y verla dormida era hermoso. Parecía un beba grande. Me
inspiraba tanta ternura que me daban ganas de “comérmela a besos“; pero no
lo hacía para no despertarla. Sólo la miraba y disfrutaba de tanta hermosura.
Fueron esas pequeñas grandes cositas que la hacían única, que disfrutaba, que
quería de Ella.
Por eso “cerré los ojos” y aposté todo. Confié plenamente en Ella.
100%(ciento por ciento), y no me arrepiento de haberlo hecho. Con Ella, volvería
a hacerlo un millón de veces.
Aunque siempre detesté esta frase, me tocó a mi: “Conocí a la mujer
correcta en el momento equivocado”. La lastimé, y también tuve mucho que ver
cuando la lastimaron. Por eso, me siento en deuda con Ella y todavía debo
ofrecerle unas cuantas disculpas.
Paloma me mintió una vez. Me dijo que se iba de mi lado porque no me amaba. En
ese momento no supe ver, que se alejaba para no lastimarme, me estaba cuidando y
lo hizo tanto como le fue posible. Hoy lo sé. Eso se llama AMOR (de ahí su
mentira), y solamente Ella pudo demostrarlo de esa manera.
No todo el mundo puede decir que a los 27 años conoció a quien es el amor de
su vida … y que más allá de la distancia y el tiempo, sigue amándola, aún
más que antes.
Ella es de esas personas que uno no solamente jamás olvida, sino que uno hace
lo posible por recordarla siempre y de la mejor manera; Ella es de esas personas
a quien uno siempre desea volver.
Katherin Hepburn solía decir, ya en sus últimos años de vida, que “el amor
no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir; sino con lo que esperas dar
…”. Cuanta razón tenía.
Paloma me enseñó:
Que el verdadero amor es algo simple, suave, grande, que abarca todo y no se
acaba; y que hay muchos corazones rotos por tener ideas equivocadas respecto del
amor.
Que toda relación se construye sobre 4 pilares fundamentales. El CARIÑO, el
RESPETO, la LIBERTAD y la CONFIANZA.
Que el amor no es solo un sentimiento. Que tiene mucho más que ver con todo eso
que HACEMOS para el bienestar de la otra persona. Sería como una permanente e
incesante búsqueda -recíproca a veces- del bienestar del otro.
Que la pareja es justamente eso. PAREJA. A la par, juntos. Que ninguno está por
encima del otro.
Que COMPRENDER es algo que no se puede dejar de lado y que es un deber aprender
a ponerse en el lugar del otro.
Que el DIALOGO no es más que la búsqueda del lugar de encuentro entre ambas
posiciones.
Que “el amor de mi vida“, tal vez, no esté para siempre al lado mío; pero
seguro que hasta el último día, voy a estar agradecido a la Vida y a Paloma,
por los siete meses más felices de mi vida.
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