Homosexualidad

 

LOS ENIGMAS DE LA HOMOSEXUALIDAD
 

AUTORES

Gustavo Adolfo García Sarduy: Lic. en Psicología. Policlínico Comunitario Docente Previsora de la Ciudad de Camagüey. Profesor instructor Adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Camagüey.

Oscarlyns Cardoso Núñez: Dr. en Medicina. Residente de tercer año de Medicina General Integral. Policlínico Comunitario Docente Rodolfo Ramírez Esquivel de la Ciudad de Camagüey.

Francisco Amaro Hernández: Dr. en Medicina. Especialista de Primer Grado en Ginecología y Obstetricia. Policlínico Comunitario Docente Previsora de la Ciudad de Camagüey.

Nelson Mejías Álvarez. Dr: en Medicina. Residente de tercer año en Medicina General Integral. Policlínico Comunitario Docente del poblado de Camalote, perteneciente al municipio Guáimaro de la Provincia Camagüey.

E.Mail: gusta25@cubasi.cu; tavoga@finlay.cmw.sld.cu; gusta27@medscape.com

DIRECCION INSTITUCIONAL

Policlínico Previsora, Calle 17 No 221, Esquina Madame Curie, Reparto Previsora, Camagüey .

Teléfonos: 292462 y 29104

 
 

 

Esta revisión se realizó con el propósito fundamental de reflejar aspectos de la homosexualidad tales como su definición, orígenes, trastornos psicológicos asociados y lo concerniente a las terapias de cambio. Dentro de los resultados más relevantes podemos encontrar la variedad de definiciones existentes, sus diversos orígenes desde el punto de vista biológico, psicológico y social, la variedad de trastornos psicológicos asociados y los diferentes criterios acerca de la efectividad de las terapias de cambio. Como conclusiones más importantes encontramos que realmente hacen mucha falta las investigaciones sobre esta variante de la sexualidad para llegar a comprenderla en toda su magnitud, además de profundizar en el conocimiento de los orígenes de la heterosexualidad para algún día llegar a comprender totalmente la homosexualidad.

La homosexualidad es uno de los matices de la sexualidad humana. La palabra “homosexualidad” se vio la primera vez para el inglés por la década de 1890, usado por Charles Gilbert Chaddock (traductor de Psychopathia Sexuallis). Originalmente el término aparecía en alemán en un folleto anónimo en 1969. (Ribeiro Braga)

Es probable que uno de los logros más grandes de la liberación sexual haya sido el que se pueda discutir y analizar el tema de la homosexualidad con libertad, sin temor a la cruel represión social, recurriendo a la verdad que nos da la experiencia científica y con el firme respeto a los inalienables derechos humanos. (Cáceres, 1997)

Debemos tener en cuenta que no se trata de una rareza. Se acepta una prevalencia mundial entre un 2 y un 4% para el grupo de homosexuales femeninos, y entre 4 y 10% de los masculinos. (Cáceres, 1997)

(Aurioles y Aldana, 1984) señalan que las investigaciones de la frecuencia con las que la orientación homosexual aparece están plagada de problemas, no obstante puede decirse que entre un 2 y un 5% de la población adulta tiene esta orientación sexual.

(Aurioles y Aldana, 1984) plantean que la persona homosexual es aquella que está motivada en la vida adulta por una atracción erótica preferencial a miembros del mismo sexo. (Marmor, 1980) señala que la persona homosexual puede ser definida como aquella que está motivada en la vida adulta por una atracción erótica preferencial definitiva a miembros del mismo sexo y quien usualmente (pero no necesariamente) se involucra en relaciones sexuales abiertas con ellos.

El término homosexualidad no describe a un grupo unitario de población, ni nos conduce a predecir personalidad o patología de aquellas personas cuya actividad sexual se produce con su mismo sexo, por desgracia los conceptos erróneos y los prejuicios científicos, religiosos y sociales se han aliado para presentar una visión estereotipada de la homosexualidad. (Kolodny, Masters y Jhonson, 1985).

La forma dominante de la conducta sexual se expresa en las relaciones entre el hombre y la mujer, pero existe un número considerable de personas en cualquier tipo de sociedad, que en algún momento de su vida han sido motivados por conductas homosexuales. Sin embargo, un grupo pequeño de ellos se reconoce a sí mismos como homosexuales; es decir, asumen de forma plena su identidad homosexual. Esto no solo tiene que ver con los fuertes prejuicios hacia la homosexualidad existentes en la cultura occidental, sino también con el hecho de que una practica u orientación homosexual en un momento concreto de la vida, no conducen necesariamente al desarrollo de una identidad homosexual. (González Rey, 1995).

El proceso de desarrollo de la identidad homosexual se configura a nivel personológico; por ello no tiene sentido hablar de homosexualismo congénito o genético, aunque podamos reconocer determinantes en este nivel que favorezcan la orientación homosexual; sin embargo, nunca se expresará de forma lineal y directa en la determinación de la homosexualidad.

 

Causas Biológicas.

Según (Cáceres, 1997) las investigaciones sobre las raíces biológicas de la orientación sexual han seguido dos claros caminos. El primero fundamentado en la búsqueda de las posibles diferencias neuroanatómicas y neurohistológicas entre el varón y la mujer, haciendo luego extensivos estos hallazgos al cerebro del homosexual varón. El segundo enfoque, de corte genético, que se basa en la búsqueda de pautas familiares de homosexualidad y en el examen directo del material hereditario, es decir, el ADN. Algunas de las más significativas investigaciones en el campo neuroanatómico.

Roger A. Gorski, citado por (Cáceres, 1997) de la Universidad de California en los Angeles, demuestra en 1978, que en la parte anterior del hipotálamo de las ratas macho, un grupo de células multiplicaba varias veces el número del de las hembras. Esta región es denominada área pre-óptica medial, la cual se ha involucrado en la generación del comportamiento sexual. Subrayaremos que no se ha encontrado todavía en los monos un grupo de células análogas al identificado en las ratas, así como que tampoco se sabe que función desempeña este grupo de células sexualmente dimórficas en las ratas. Lo que sí se sabe de un estudio realizado por Gorski y sus colaboradores, es que los andrógenos hormonas masculinas) cumplen una misión clave en la generación del dimorfismo durante el desarrollo. Las neuronas de este grupo de células, tienen abundancia en receptores de hormonas sexuales, y aunque las ratas, machos y hembras, parten de un número casi parejo de neuronas en el área pre-óptica medial, el pulso de testosterona que se produce cerca el alumbramiento pocos días antes y después del nacimiento) en el macho es el que estabiliza esta población neuronal, provocándose por su ausencia en la hembra, la muerte de un gran número de neuronas.

Laura Allen, citada por (Cáceres, 1997) alumna del Dr. Gorski, descubre también estructuras dimórficas en el cerebro humano, hace referencia a un conjunto de células que responde al apelativo de NIHA3 “Tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior, en la región pre-óptica medial del hipotálamo”, la cual triplica en los varones el tamaño que presenta en las mujeres.

Simón LeVay, citado por (Cáceres, 1997) en 1990 examina el hipotálamo en muestras de autopsias de 19 varones homosexuales, todos los cuales habían fallecido de complicaciones relacionadas con el SIDA; así como muestra de autopsias de 16 varones heterosexuales, seis de los cuales habían muerto de SIDA, y muestra de seis mujeres cuya orientación sexual ignoraba. Observó que en el varón, el tamaño del NIHA3 duplicaba de lejos el tamaño del de la mujer, también notó que esta área era entre dos y tres veces mayor en el hombre heterosexual que en el varón homosexual, faltando por completo en algunos varones homosexuales, destacándose que no había diferencia significativa entre los volúmenes de NIHA3 de varones homosexuales y mujeres. Así pues, estas investigaciones sugerían la existencia de un dimorfismo relacionado con la orientación sexual del varón, de magnitud equiparable a la que se daba con relación al sexo.

Allen y Gorski, citados por (Cáceres, 1997) aportaron otra característica del cerebro que estaba aparentemente relacionada con la inclinación sexual. Determinaron que la Comisura Blanca Anterior y el Cuerpo Calloso, fascículos de fibras que cruzan la línea media del cerebro, eran pequeños en los varones heterosexuales, grandes en las mujeres y mayores aun en los varones homosexuales. Una vez hecha la corrección correspondiente de acuerdo al tamaño del cerebro, la Comisura Blanca Anterior de las mujeres y la de los homosexuales masculinos, alcanzaban un tamaño similar.

Para el profesor Jhon Money, (citado por Cáceres, 1997) psicólogo, profesor de la Universidad y del Hospital Jhon Hopkins, en Baltimore, Estados Unidos, la orientación sexual podría verse determinada por tres factores, los cuales describe al analizar su propuesta basada en los mapas del amor. Nos referimos a la naturaleza, al periodo critico y a la crianza. En otros términos, nos referiríamos a lo mismo de la siguiente forma:

  1. El factor Biológico: configurado por los Genes, las Hormonas y las Estructuras Cerebrales, las cuales predisponen la orientación sexual.
  2. El Imprinting o Impronta: es decir, el estímulo específico en el momento oportuno, estímulo que podría ser dado por la familia y la sociedad en los tres primeros años de vida, período en el cual quedaría definida la orientación sexual.
  3. El medio: es decir, el ambiente social y familiar así como la educación que se recibirá en este período crítico comprendido en los tres primeros años de vida.

A pesar de los numerosos intentos, ninguno de los estudios más difundidos (Hamer, 1993; LeVay, citado por Cáceres, 1997) han podido ser reproducidos. (Gadd, 1998). Un número de autores han revisado cuidadosamente tales estudios y encontraron que no sólo no demuestran una base genética para la atracción homosexual, sino que ni siquiera pretenden tener evidencia científica para tal afirmación. (Byne, 1993; Goldberg 1992; Horgan, 1995; McGuire, 1995; Porter, 1996; Rice, 1999)

Si la atracción homosexual fuera genética, entonces uno esperaría que los mellizos idénticos tuvieran la misma orientación sexual. Sin embargo, hay numerosos casos de mellizos idénticos que no son idénticos en su orientación sexual. (Bailey, 1991; Eckert, 1986; Friedman, 1976; Green, 1974; McConaghy, 1980; Zuger, 1976). Otros han intentado probar la base genética de la atracción homosexual para poder apelar a las cortes en busca de derechos basados en la inmutabilidad. " (Green, 1988)

Diversos estudios (Margolese, 1970; Margolese y Janiger, 1973) indican ciertas diferencias en la excreción urinaria de metabolitos de hormonas sexuales entre varones homosexuales y heterosexuales; una excreción menor de testosterona urinaria en los homosexuales que en los heterosexuales (Loraine, Ismail, Adamopoulos, et.al, 1970) y niveles de testosterona en sangre mucho menores en los adultos jóvenes exclusiva o casi exclusivamente homosexuales que en el mismo grupo de edad heterosexual (Kolodny, Masters, Hendryx, 1971). Los estudios posteriores han mostrado, sin embargo, otros resultados diferentes. (Birk, 1973; Tourney, 1973; Brodie, 1974; Doerr, 1973; Friedman, 1977)

Causas Psicosociales

(Siegelman, 1974) señala que en aquellos grupos de homosexuales y heterosexuales donde se registraba un bajo nivel de neuroticismo, no se observaban diferencias en las relaciones familiares.

(Green, 1974) señala la teoría de que los niños que muestran repetidamente una conducta atípica del rol sexual que les corresponde son más propensos que los demás a desarrollar una orientación homosexual durante la edad adulta. En apoyo a esta idea, cabe indicar que, según (Whitam, 1974), los homosexuales varones afirmaban con significativa mayor frecuencia que los heterosexuales que durante la infancia habían sentido interés por los juegos con muñecas y por los vestidos propios de niñas, preferencia por las niñas como compañeras de juego, preferencia por estar en compañía adulta femenina y no masculina, placer por ser considerados “niñitas” por los demás niños e interés sexual infantil más acusado por los niños que por las niñas.

Si bien hay modelos de desarrollo con aspectos similares, cada individuo es único, con una historia personal. En las historias de personas que se sienten atraídas por otros del mismo sexo, uno encuentra frecuentemente uno o más de los siguientes:

El Diagnostic and Statistical Manual IV (APA, 1994) de la Asociación Psiquiátrica Americana ha definido la Desordenada Identidad de Género (GID) en niños como una fuerte y persistente identificación con el género opuesto, insatisfacción con el propio sexo, y preferencia por papeles del sexo opuesto en juegos o fantasías. Algunos investigadores (Friedman, 1988; Phillips, 1992) han identificado otro síndrome no tan pronunciado en niños - sentimientos crónicos de no ser masculinos. (unmasculinity). Estos niños, si bien no se envuelven en ningún juego de sexualidad cruzada, o tales fantasías, se sienten profundamente inadecuados en su masculinidad y tienen una reacción casi fóbica a los juegos violentos en la infancia y mucha aversión a deportes de equipos. Varios estudios han mostrado que niños con Desordenada Identidad de Género y niños con sentimientos crónicos de no ser masculinos están expuesto al riesgo de homoeroticismo en la adolescencia. (Newman, 1976; Zucker, 1995; Harry, 1989)

Mientras un número de estudios han mostrado que niños que han sido abusados sexualmente, niños que exhiben síntomas de GID, y niños con antimasculinidad crónica juvenil se encuentran al riesgo de la atracción homoerótica en la adolescencia y la edad adulta, es importante darse cuenta de que un porcentaje significativo de estos niños no llegan a ser homosexuales activos en la edad adulta. (Green, 1985; Bradley, 1998)

La intervención profesional adecuada, si es apoyada por los padres, puede superar la Desordenada Identidad de Género (Rekers, 1974; Newman, 1976)

Es importante que aquellos envueltos en el cuidado y educación de niños estén informados de los signos de la Desordenada Identidad de Género y la antimasculinidad juvenil crónica, y que conozcan los recursos disponibles para obtener ayuda adecuada para estos niños. (Bradley, 1998,  Acosta, 1975)

En algunos casos, la atracción sexual homoerótica o la actividad ocurre en un paciente con algún otro diagnóstico psicológico, tal como:

Psiquiatras de prestigio (Los Doctores Samuel B. Hadden, Lionel Ovesey, Charles Socarides, Harold Lief, Irving Bieber, y otros) han reportado sus éxitos terapéuticos de homosexuales tratables." (Tripp y Hatterer, 1971).

Trabajos de revisión de resultados del tratamiento del homoerotismo muestran que ha tenido tanto éxito como el tratamiento de problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se siente liberado de los síntomas y otro 30% se encuentra mejor. (Clippinger, 1974; Fine, 1987; MacIntosh, 1994; Nicolosi, 1998; Rogers, 1976; Satinover, 1996; West, 1977).

Informes de terapeutas individuales han sido igualmente positivos. (Barnhouse, 1977; Bieber, 1979; Hatterer, 1970; Kronemeyer, 1980)

Aquellos que sostienen que el cambio de orientación sexual es imposible, generalmente definen el cambio como la liberación total y permanente de toda conducta homosexual, de fantasías o de atracción en una persona que había sido anteriormente homosexual en su conducta o su inclinación. (Tripp, 1971). Aun cuando el cambio sea definido en esta forma extrema, la afirmación no es cierta. Numerosos estudios reportan casos de cambio total. (Goetz, 1997).    

Aquellos que niegan la posibilidad de un cambio total, admiten que cambio en el comportamiento es posible (Coleman, 1978; Herron, 1982) y que personas que han estado envueltas sexualmente con ambos sexos parecen más capaces de cambiar. (Acosta, 1975) Al leer cuidadosamente los artículos de aquellos que se oponen a la terapia de cambio, revela que los autores ven tal terapia como no ética (Davison, 1982; Gittings, 1973) lo hacen así porque en su opinión esa terapia es opresiva contra aquellos que no quieren cambiar (Begelman, 1975; 1977; Murphy, 1992; Sleek, 1997; Smith, 1988) y ven a aquellas personas atraídas por el mismo sexo que expresan el deseo de cambiar como víctimas de opresión social o religiosa. (Begelman, 1977; Silverstein, 1972)

Algunos de los que consideran la terapia como no ética también disputan las teorías establecidas de desarrollo infantil (Davison, 1982; Menvielle, 1998). Ellos tienden a culpar de opresión social a los problemas innegables que sufren los adolescentes y adultos homosexuales activos.

Algunos terapeutas, por ejemplo, no consideran a un paciente como 'curado' hasta que pueda envolverse cómodamente en actividades sexuales con el sexo opuesto, aunque el paciente no esté casado. (Masters, 1979) Otros estimulaban al paciente a masturbarse empleando imaginaciones heterosexuales. (Blitch, 1972; Conrad, 1976).

Individuos que experimentan atracción por los del mismo sexo a menudo cuentan una larga historia de experiencias sexuales tempranas, y traumatismos sexuales. (Doll, 1992). Es más probable que personas homosexuales activas se hayan visto envueltas en formas extremas de actividad sexual con otra persona a edad muy temprana. (Stephan, 1973; Bell, 1981)

Dada la identificación y la intervención tempranas, hay buenas razones para esperar que el problema pueda ser resuelto en forma satisfactoria. (Zucker, 1995; Newman, 1976) Mientras que la razón principal para tratar a niños es para aliviar su infelicidad presente (Newman, 1976; Bradley, 1998; Bates, 1974).

La mayoría de los padres no quieren que su hijo se envuelva en conducta homosexual, pero los padres de niños al riesgo suelen resistir el tratamiento. (Zucker, 1995; Newman, 1976). Si se les informa que el 75% de los niños que muestran síntomas de Desordenada Identidad de Género y de antimasculinidad juvenil crónica, van, en la ausencia de intervención, a experimentar atracción por su mismo sexo (Bradley, 1998) y haciéndoles ver los riesgos asociados con la actividad homosexual (Garofalo, 1998; Osmond, 1994; Stall, 1988; Rotello, 1997; Signorille, 1997) puede ayudar a sobreponerse a su oposición al tratamiento. La cooperación de los padres es extraordinariamente importante para que la intervención temprana pueda tener éxito.

Según una versión revisada (APA Public Interest, 1998), la terapia no puede cambiar la orientación sexual. Aunque la mayoría de los homosexuales viven vidas exitosas y felices, algunos homosexuales o bisexuales pueden llegar a buscar cambiar su orientación sexual por medio de la terapia, en ocasiones bajo la presión de miembros de sus familias o grupos religiosos para que traten de hacerlo y lo hagan. La realidad es que la homosexualidad no es una enfermedad. No requiere tratamiento y no es alterable. Sin embargo, no todas las personas gays, lesbianas y bisexuales que solicitan ayuda de parte de un profesional de la salud mental es que quieran cambiar su orientación sexual. Los gays, lesbianas y bisexuales pueden requerir ayuda psicológica para el proceso de “coming out” o revelar públicamente su orientación sexual, o buscando estrategias para enfrentar el prejuicio, pero la mayoría entra en terapia por las mismas razones y cuestiones vitales que llevan a los heterosexuales a los profesionales de la salud mental.

(Cáceres, 1997) inició un tipo de terapia muy especial y particular que denominó Grupo Sexológico, cuya finalidad fue la de buscar la integración del individuo homosexual, de una forma inteligente y civilizada, a la sociedad en que vive y se desarrolla. Este tipo de grupo no solo sirve para los homosexuales, también es útil para la adaptación del individuo con cualquier variante en la conducta sexual que le produzca malestar al sentirse marginado por la sociedad, así como para las patologías de género, como son la transexualidad masculina y femenina. La evaluación de esta experiencia terapéutica se realizó entre enero de 1992 y diciembre de 1995, se determinó el grado de ego-distonía a través de los indicios de ansiedad o depresión ocasionados por esta orientación y sus complicaciones sociales o familiares, los cuales fueron cuantificados por medio de los test de Zung y Hamilton. Los resultados fueron los siguientes:

 

En Agosto de 1996 se realizó una reevaluación de los 148 sujetos no identificándose ego-distonía y se observó que todos llevaban en ese momento una vida ocupacional productiva así como una vida social satisfactoria.

A modo de conclusiones:

Existen consideraciones acerca de que la homosexualidad, en sí misma, no representa un problema para el desarrollo personal; sin embargo, el proceso de configuración de la identidad homosexual tiende a ser sumamente complejo y traumático debido a las presiones sociales. Es precisamente en este proceso donde se pueden presentar distintos conflictos que pueden trascender los recursos personológicos del sujeto y dar lugar a configuraciones neuróticas u otros trastornos en el ajuste social de la persona. (González Rey, 1995).

A nuestro criterio, la homosexualidad no constituye una enfermedad, pero sí pueden existir trastornos psicológicos asociados; además, la consideramos una forma de vida delimitada al igual que lo es la heterosexualidad. También es necesario señalar que debemos ahondar más en el conocimiento de la heterosexualidad para algún día poder comprender la homosexualidad.

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Referencia a este documento:

García Sarduy Gustavo A. , Cardoso Núñez Oscarlyns, Amaro Hernández Francisco , Mejías Álvarez Nelson.: "Los enigmas de la homosexualidad" . Rev. Humanidades Médicas, Vol 2, No 6, Septiembre-Diciembre del 2002.

 

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