Homosexualidad
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LOS ENIGMAS DE LA HOMOSEXUALIDAD
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Gustavo Adolfo García Sarduy: Oscarlyns Cardoso Núñez: Dr. en Medicina. Residente de tercer año de Medicina General Integral. Policlínico Comunitario Docente Rodolfo Ramírez Esquivel de la Ciudad de Camagüey. Francisco Amaro Hernández: Nelson Mejías Álvarez. |
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INSTITUCIONAL
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Policlínico Previsora, Calle 17 No 221, Esquina Madame Curie, Reparto Previsora, Camagüey . Teléfonos: 292462 y 29104 |
Esta revisión se realizó con el propósito
fundamental de reflejar aspectos de la homosexualidad tales como su definición,
orígenes, trastornos psicológicos asociados y lo concerniente a las terapias
de cambio. Dentro de los resultados más relevantes podemos encontrar la
variedad de definiciones existentes, sus diversos orígenes desde el punto de
vista biológico, psicológico y social, la variedad de trastornos psicológicos
asociados y los diferentes criterios acerca de la efectividad de las terapias de
cambio. Como conclusiones más importantes encontramos que realmente hacen mucha
falta las investigaciones sobre esta variante de la sexualidad para llegar a
comprenderla en toda su magnitud, además de profundizar en el conocimiento de
los orígenes de la heterosexualidad para algún día llegar a comprender
totalmente la homosexualidad.
Es probable que uno de los logros más grandes de la liberación sexual haya sido el que se pueda discutir y analizar el tema de la homosexualidad con libertad, sin temor a la cruel represión social, recurriendo a la verdad que nos da la experiencia científica y con el firme respeto a los inalienables derechos humanos. (Cáceres, 1997)
Debemos tener en cuenta que no se trata de una rareza. Se acepta una prevalencia mundial entre un 2 y un 4% para el grupo de homosexuales femeninos, y entre 4 y 10% de los masculinos. (Cáceres, 1997)
(Aurioles y Aldana, 1984) señalan que las
investigaciones de la frecuencia con las que la orientación homosexual
aparece están plagada de problemas, no obstante puede decirse que entre un 2
y un 5% de la población adulta tiene esta orientación sexual.
El término homosexualidad no describe a un grupo
unitario de población, ni nos conduce a predecir personalidad o patología de
aquellas personas cuya actividad sexual se produce con su mismo sexo, por
desgracia los conceptos erróneos y los prejuicios científicos, religiosos y
sociales se han aliado para presentar una visión estereotipada de la
homosexualidad. (Kolodny, Masters y Jhonson, 1985).
La forma dominante de la conducta sexual se expresa en las relaciones entre el hombre y la mujer, pero existe un número considerable de personas en cualquier tipo de sociedad, que en algún momento de su vida han sido motivados por conductas homosexuales. Sin embargo, un grupo pequeño de ellos se reconoce a sí mismos como homosexuales; es decir, asumen de forma plena su identidad homosexual. Esto no solo tiene que ver con los fuertes prejuicios hacia la homosexualidad existentes en la cultura occidental, sino también con el hecho de que una practica u orientación homosexual en un momento concreto de la vida, no conducen necesariamente al desarrollo de una identidad homosexual. (González Rey, 1995).
El proceso de desarrollo de la identidad homosexual se configura a nivel personológico; por ello no tiene sentido hablar de homosexualismo congénito o genético, aunque podamos reconocer determinantes en este nivel que favorezcan la orientación homosexual; sin embargo, nunca se expresará de forma lineal y directa en la determinación de la homosexualidad.
Laura Allen, citada por (Cáceres, 1997) alumna
del Dr. Gorski, descubre también estructuras dimórficas en el cerebro
humano, hace referencia a un conjunto de células que responde al apelativo de
NIHA3 “Tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior, en la región
pre-óptica medial del hipotálamo”, la cual triplica en los varones el tamaño
que presenta en las mujeres.
Simón LeVay, citado por (Cáceres, 1997) en 1990
examina el hipotálamo en muestras de autopsias de 19 varones homosexuales,
todos los cuales habían fallecido de complicaciones relacionadas con el SIDA;
así como muestra de autopsias de 16 varones heterosexuales, seis de los
cuales habían muerto de SIDA, y muestra de seis mujeres cuya orientación
sexual ignoraba. Observó que en el varón, el tamaño del NIHA3 duplicaba de
lejos el tamaño del de la mujer, también notó que esta área era entre dos
y tres veces mayor en el hombre heterosexual que en el varón homosexual,
faltando por completo en algunos varones homosexuales, destacándose que no
había diferencia significativa entre los volúmenes de NIHA3 de varones
homosexuales y mujeres. Así pues, estas investigaciones sugerían la
existencia de un dimorfismo relacionado con la orientación sexual del varón,
de magnitud equiparable a la que se daba con relación al sexo.
Allen y Gorski, citados por (Cáceres, 1997)
aportaron otra característica del cerebro que estaba aparentemente
relacionada con la inclinación sexual. Determinaron que la Comisura Blanca
Anterior y el Cuerpo Calloso, fascículos de fibras que cruzan la línea media
del cerebro, eran pequeños en los varones heterosexuales, grandes en las
mujeres y mayores aun en los varones homosexuales. Una vez hecha la corrección
correspondiente de acuerdo al tamaño del cerebro, la Comisura Blanca Anterior
de las mujeres y la de los homosexuales masculinos, alcanzaban un tamaño
similar.
Para el profesor Jhon Money, (citado por Cáceres,
1997) psicólogo, profesor de la Universidad y del Hospital Jhon Hopkins, en
Baltimore, Estados Unidos, la orientación sexual podría verse determinada
por tres factores, los cuales describe al analizar su propuesta basada en los
mapas del amor. Nos referimos a la naturaleza, al periodo critico y a la
crianza. En otros términos, nos referiríamos a lo mismo de la siguiente
forma:
Si la atracción homosexual fuera genética,
entonces uno esperaría que los mellizos idénticos tuvieran la misma
orientación sexual. Sin embargo, hay numerosos casos de mellizos idénticos
que no son idénticos en su orientación sexual. (Bailey, 1991; Eckert, 1986;
Friedman, 1976; Green, 1974; McConaghy, 1980; Zuger, 1976). Otros han
intentado probar la base genética de la atracción homosexual para poder
apelar a las cortes en busca de derechos basados en la inmutabilidad. "
(Green, 1988)
Diversos
estudios (Margolese, 1970; Margolese y Janiger, 1973) indican ciertas
diferencias en la excreción urinaria de metabolitos de hormonas sexuales
entre varones homosexuales y heterosexuales; una excreción menor de
testosterona urinaria en los homosexuales que en los heterosexuales (Loraine,
Ismail, Adamopoulos, et.al, 1970) y niveles de testosterona en sangre mucho
menores en los adultos jóvenes exclusiva o casi exclusivamente homosexuales
que en el mismo grupo de edad heterosexual (Kolodny, Masters, Hendryx, 1971).
Los estudios posteriores han mostrado, sin embargo, otros resultados
diferentes. (Birk, 1973; Tourney, 1973; Brodie, 1974; Doerr, 1973; Friedman,
1977)
Causas Psicosociales
(Siegelman, 1974) señala que en aquellos grupos de homosexuales y heterosexuales donde se registraba un bajo nivel de neuroticismo, no se observaban diferencias en las relaciones familiares.
(Green, 1974) señala la teoría de que los niños que muestran repetidamente una conducta atípica del rol sexual que les corresponde son más propensos que los demás a desarrollar una orientación homosexual durante la edad adulta. En apoyo a esta idea, cabe indicar que, según (Whitam, 1974), los homosexuales varones afirmaban con significativa mayor frecuencia que los heterosexuales que durante la infancia habían sentido interés por los juegos con muñecas y por los vestidos propios de niñas, preferencia por las niñas como compañeras de juego, preferencia por estar en compañía adulta femenina y no masculina, placer por ser considerados “niñitas” por los demás niños e interés sexual infantil más acusado por los niños que por las niñas.
Si bien hay modelos de desarrollo con aspectos
similares, cada individuo es único, con una historia personal. En las
historias de personas que se sienten atraídas por otros del mismo sexo, uno
encuentra frecuentemente uno o más de los siguientes:
El Diagnostic and Statistical Manual IV (APA,
1994) de la Asociación Psiquiátrica Americana ha definido la Desordenada
Identidad de Género (GID) en niños como una fuerte y persistente
identificación con el género opuesto, insatisfacción con el propio sexo,
y preferencia por papeles del sexo opuesto en juegos o fantasías. Algunos
investigadores (Friedman, 1988; Phillips, 1992) han identificado otro síndrome
no tan pronunciado en niños - sentimientos crónicos de no ser masculinos.
(unmasculinity). Estos niños, si bien no se envuelven en ningún juego de
sexualidad cruzada, o tales fantasías, se sienten profundamente inadecuados
en su masculinidad y tienen una reacción casi fóbica a los juegos
violentos en la infancia y mucha aversión a deportes de equipos. Varios
estudios han mostrado que niños con Desordenada Identidad de Género y niños
con sentimientos crónicos de no ser masculinos están expuesto al riesgo de
homoeroticismo en la adolescencia. (Newman, 1976; Zucker, 1995; Harry, 1989)
Mientras un número de estudios han mostrado que
niños que han sido abusados sexualmente, niños que exhiben síntomas de
GID, y niños con antimasculinidad crónica juvenil se encuentran al riesgo
de la atracción homoerótica en la adolescencia y la edad adulta, es
importante darse cuenta de que un porcentaje significativo de estos niños
no llegan a ser homosexuales activos en la edad adulta. (Green, 1985;
Bradley, 1998)
La intervención profesional adecuada, si es
apoyada por los padres, puede superar la Desordenada Identidad de Género
(Rekers, 1974; Newman, 1976)
Es importante que aquellos envueltos en el
cuidado y educación de niños estén informados de los signos de la
Desordenada Identidad de Género y la antimasculinidad juvenil crónica, y
que conozcan los recursos disponibles para obtener ayuda adecuada para estos
niños. (Bradley, 1998, Acosta, 1975)
Trabajos de revisión de resultados del
tratamiento del homoerotismo muestran que ha tenido tanto éxito como el
tratamiento de problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se
siente liberado de los síntomas y otro 30% se encuentra mejor. (Clippinger,
1974; Fine, 1987; MacIntosh, 1994; Nicolosi, 1998; Rogers, 1976; Satinover,
1996; West, 1977).
Informes de terapeutas individuales han sido
igualmente positivos. (Barnhouse, 1977; Bieber, 1979; Hatterer, 1970;
Kronemeyer, 1980)
Aquellos que sostienen que el cambio de
orientación sexual es imposible, generalmente definen el cambio como la
liberación total y permanente de toda conducta homosexual, de fantasías o
de atracción en una persona que había sido anteriormente homosexual en su
conducta o su inclinación. (Tripp, 1971). Aun cuando el cambio sea definido
en esta forma extrema, la afirmación no es cierta. Numerosos estudios
reportan casos de cambio total. (Goetz, 1997).
Aquellos que niegan la posibilidad de un cambio
total, admiten que cambio en el comportamiento es posible (Coleman, 1978;
Herron, 1982) y que personas que han estado envueltas sexualmente con ambos
sexos parecen más capaces de cambiar. (Acosta, 1975) Al leer cuidadosamente
los artículos de aquellos que se oponen a la terapia de cambio, revela que
los autores ven tal terapia como no ética (Davison, 1982; Gittings, 1973)
lo hacen así porque en su opinión esa terapia es opresiva contra aquellos
que no quieren cambiar (Begelman, 1975; 1977; Murphy, 1992; Sleek, 1997;
Smith, 1988) y ven a aquellas personas atraídas por el mismo sexo que
expresan el deseo de cambiar como víctimas de opresión social o religiosa.
(Begelman, 1977; Silverstein, 1972)
Algunos de los que consideran la terapia como no
ética también disputan las teorías establecidas de desarrollo infantil
(Davison, 1982; Menvielle, 1998). Ellos tienden a culpar de opresión social
a los problemas innegables que sufren los adolescentes y adultos
homosexuales activos.
Algunos terapeutas, por ejemplo, no consideran a
un paciente como 'curado' hasta que pueda envolverse cómodamente en
actividades sexuales con el sexo opuesto, aunque el paciente no esté
casado. (Masters, 1979) Otros estimulaban al paciente a masturbarse
empleando imaginaciones heterosexuales. (Blitch, 1972; Conrad, 1976).
Individuos que experimentan atracción por los
del mismo sexo a menudo cuentan una larga historia de experiencias sexuales
tempranas, y traumatismos sexuales. (Doll, 1992). Es más probable que
personas homosexuales activas se hayan visto envueltas en formas extremas de
actividad sexual con otra persona a edad muy temprana. (Stephan, 1973; Bell,
1981)
Dada la identificación y la intervención
tempranas, hay buenas razones para esperar que el problema pueda ser
resuelto en forma satisfactoria. (Zucker, 1995; Newman, 1976) Mientras que
la razón principal para tratar a niños es para aliviar su infelicidad
presente (Newman, 1976; Bradley, 1998; Bates, 1974).
La mayoría de los padres no quieren que su hijo
se envuelva en conducta homosexual, pero los padres de niños al riesgo
suelen resistir el tratamiento. (Zucker, 1995; Newman, 1976). Si se les
informa que el 75% de los niños que muestran síntomas de Desordenada
Identidad de Género y de antimasculinidad juvenil crónica, van, en la
ausencia de intervención, a experimentar atracción por su mismo sexo
(Bradley, 1998) y haciéndoles ver los riesgos asociados con la actividad
homosexual (Garofalo, 1998; Osmond, 1994; Stall, 1988; Rotello, 1997;
Signorille, 1997) puede ayudar a sobreponerse a su oposición al
tratamiento. La cooperación de los padres es extraordinariamente importante
para que la intervención temprana pueda tener éxito.
Según una versión revisada (APA Public Interest, 1998), la terapia no puede cambiar la orientación sexual. Aunque la mayoría de los homosexuales viven vidas exitosas y felices, algunos homosexuales o bisexuales pueden llegar a buscar cambiar su orientación sexual por medio de la terapia, en ocasiones bajo la presión de miembros de sus familias o grupos religiosos para que traten de hacerlo y lo hagan. La realidad es que la homosexualidad no es una enfermedad. No requiere tratamiento y no es alterable. Sin embargo, no todas las personas gays, lesbianas y bisexuales que solicitan ayuda de parte de un profesional de la salud mental es que quieran cambiar su orientación sexual. Los gays, lesbianas y bisexuales pueden requerir ayuda psicológica para el proceso de “coming out” o revelar públicamente su orientación sexual, o buscando estrategias para enfrentar el prejuicio, pero la mayoría entra en terapia por las mismas razones y cuestiones vitales que llevan a los heterosexuales a los profesionales de la salud mental.
(Cáceres, 1997) inició un tipo de terapia muy especial y particular que denominó Grupo Sexológico, cuya finalidad fue la de buscar la integración del individuo homosexual, de una forma inteligente y civilizada, a la sociedad en que vive y se desarrolla. Este tipo de grupo no solo sirve para los homosexuales, también es útil para la adaptación del individuo con cualquier variante en la conducta sexual que le produzca malestar al sentirse marginado por la sociedad, así como para las patologías de género, como son la transexualidad masculina y femenina. La evaluación de esta experiencia terapéutica se realizó entre enero de 1992 y diciembre de 1995, se determinó el grado de ego-distonía a través de los indicios de ansiedad o depresión ocasionados por esta orientación y sus complicaciones sociales o familiares, los cuales fueron cuantificados por medio de los test de Zung y Hamilton. Los resultados fueron los siguientes:
A nuestro criterio, la homosexualidad no constituye una enfermedad, pero sí pueden existir trastornos psicológicos asociados; además, la consideramos una forma de vida delimitada al igual que lo es la heterosexualidad. También es necesario señalar que debemos ahondar más en el conocimiento de la heterosexualidad para algún día poder comprender la homosexualidad.
García
Sarduy Gustavo A. , Cardoso Núñez Oscarlyns, Amaro Hernández
Francisco |
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